Mi abuela me contó que cuando alguien preguntaba cómo llegar a Quiroga, en La Niña decían:
-Siga los palos del teléfono

.
Como el progreso se retrasó, el sistema telefónico con operador de aquel entonces duró muchos años.
Tenía una ventaja que recuerdo: cuando uno buscaba a alguna persona, la telefonista asesoraba con el posible paradero. Se daban conversaciones como esta:
-¿Número?-
-Siete seis-contestaba el usuario.
-No contesta-decía la telefonista-¿Buscás al doctor?-agregaba, servicial.
-Sí.
-Recién pasó para el hospital - informaba.
-¡Ah! ¿Me comunica?-decía el posible paciente.
Y así podíamos localizar al doctor.
Como desventaja tenía la cuestión de "la demora":
-Quería llamar a Buenos Aires-solicitaba el usario.
-Hay cuatro horas de demora-respondía la telefonista.
Cuando llegó el discado directo nacional yo vivía lejos. Después de hacer largas colas, con un montoncito de cospeles llamab

a a casa.
Cuando caía el último avisaba:
-En cualquier momento se corta-. Y me pasaba los últimos segundos despidiéndome.
En una de las tantas crisis, con un cable que nos pasábamos por debajo de la ropa desde la muñeca izquierda a la muñeca derecha, pinchábamos aquellos teléfonos naranjas para hablar gratis. Algunos quedaban desbloqueados y se acumulaba gente que esperaba para comunicarse con sus familias.
Pronto fue fácil tener teléfono, pero seguía siendo caro. Así que muchas veces decíamos:
-Cuando llegue te llamo, dejo sonar dos veces y cuelgo.
Era la manera de avisar gratis que estábamos bien.
Pocos años después, la tecnología empezó a avanzar muy rápido. Llegaron los celulares y finalmente llegó internet.
Desde la red, los que estábamos lejos empezamos a conectarnos. Con el Messenger, desde Quiroga, alguien reunió, en la misma ventana, a quiroguenses que estaban en otras ciudades. Incluso en otros continentes. Y esto ocurrió más de una vez.
Algunos empezamos a escribir
blogs, otros abrieron fotologs.
Ahora, cuando tantos nos hemos reunido en un grupo en
Facebook, pienso que el objetivo final, siempre, es reecontrarnos.
Aunque hoy, para ir a Quiroga, en vez de seguir los palos del teléfono, los viajeros sigan las indicaciones de un GPS.